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Historias de Navidad: Milagros de Navidad

23/12/2021 - Tiempo de lectura: 4 min

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Milagros de Navidad

Seguro que fue un milagro…Mi familia siempre fue muy creyente de las tradiciones de la vida, menos de Halloween, pero aceptaban el conejito de Pascuas, hasta que un caluroso día de Diciembre de un año que no quiero recordar, unos bandidos de mala monta escaparon de la cárcel de la ciudad. Uno de ellos nos tomó de rehén junto a mi mamá, quien muy asustada me protegió del delincuente que subió a nuestra carreta con un fusil que había quitado al guardia que lo custodiaba quien recibió su parte: un balazo que lo dejó casi muerto, la buena envergadura que tenia el guardia salvo su vida.  El delincuente no de buenos modales y encañonando a mi mamá le pidió que condujera la carreta a las quebradas de Buena Esperanza, donde se encontraba una imagen de Fray Andresito junto a la Virgen de Guadalupe. Muchos fueron los jinetes que nos siguieron, algunos con la estrella de alguacil en su pecho y armados hasta los dietes por lo peligroso, furioso, osado, sin educación y sin corazón del prófugo.  En el trayecto de esta loca carrera pude oír a mamá que le aconsejaba al tipejo que nos rapto, que desistiera o que nos dejará en libertad y se llevara la carreta con la carga que llevaba, que nosotros seriamos un estorbo para el y que solo podría decidir mejor su suerte, pero el bandido hacia caso omiso de las palabras de mamá.  Cuando llegamos a la quebrada, pude ver y reconocer la gruta santificada, tan visitada por personas creyentes y también ver como Fray Andresito y la Guadalupana nos siguieron con sus brillantes ojos cristalinos que irradiaban seguridad y que toda esta pesadilla pronto pasaría. Esto fue tan cierto que al encuentro de la carreta salió un jinete que desenfundó su resolver que contenía en su cámara solo un tiro y fue el acertó en la sien del forajido que calló desplomada en la carreta con los ojos bien abiertos y la lengua clamaba agua, pero se inundó de sangre rojo y fresca.  Mi mamá hizo detener las bestias que babeaban su esfuerzo por correr a gran galope y vino a ver como estaba, me tomó en brazos y sintió algo mojado bajo mi ropa...era sangre producto de dos balas que me alcanzaron cuando los jinetes que nos seguían abrieron fuego sobre la carreta en pro de abatir al malhechor.  Estando tan lejos de ayuda medica y tan cerca de la gruta milagrosa, mi mamá corrió conmigo en sus brazos y me postró ante las imágenes sagradas y les pidió con esa fe que solo las madres saben de donde sacarla.  En esto aparece un jinete que dijo ser medico, quien me descubrió las heridas y haciendo presión digital fueron cerrándose y deteniendo el sangrado para luego de un rato se detuviera por completo la herida y mis colores de mi cara y los de mamá volvieran a su normalidad.  El jinete médico dijo que era un milagro de Navidad... y a propósito, los ojos de las imágenes eran de piedra, nunca más brillaron y al jinete médico nunca mas lo vimos para darle las gracias...¡seguro que fue un milagro!

Mauricio Vergara