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Historias de Navidad: Recuerdos del 97

22/12/2021 - Tiempo de lectura: 4 min

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Recuerdos del 97

Recuerdo el año de 1997, vivía feliz y seguro junto a mi familia. Mis padres trataban de sacar adelante a sus hijos, en un entorno muy humilde. Recuerdo la ducha hecha con un tarrito de jurel al natural aportillado con un clavo para distribuir así el agua que venía de una manguera, mi casa de charlatas y fonolas ,parecía tener vida cuando bailaba al son del viento y sonaba como una zampoña. Nunca faltó el alimento, por supuesto no teníamos lujos, pero si muchos juegos para divertirnos junto a mi familia.Mi padre trabajaba en los regados de maíz y de diferentes legumbres, recuerdo sus manos agrietadas, por las heladas, que cobijaban el campo con ese manto blanco, tan familiar para nosotros que vivimos en la zona central de este país.Por ese entonces era muy común que llegarán personas nuevas al barrio y compañeros a la escuela. Uno de ellos fue mi querido amigo Felipe un pelirrojo, sencillo y muy cariñoso. El llegó trasladado junto a su familia a administrar un campo. Luego me enteraría que mi papá trabajaba para ellos.

Se acercaba la navidad y junto a mi hermano nos preguntábamos que íbamos a pedirle al viejito pascuero. Yo le dije una televisión a color, él 5 años menor que yo, no lo entendía, pero poder ver monitos a color era un sueño. Mis padres al escuchar nuestra petición, no dijeron nada ya que era imposible acceder a este regalo. Sin embargo mi papá se alejó ensimismado. Creo que como todo padre sintió el deseo y la frustración mezclada de regalarle el mundo entero a sus hijos pero imposibilitado por su realidad.

Mi compañero Felipe era uno de los pocos que conocía mi deseo navideño, él entendía nuestra realidad pero me daba esperanzas de que los milagros existían, se acercaba el día de noche buena y para nosotros la hermeticidad, de aquellos años, en cuanto a los regalos era una tortura, ya que nunca se sabía si realmente si el viejo pascuero traería lo que pedíamos. Como todos los años asistimos, a la misa del gallo los ojos rojos y casi dormitando era el sacrifico para poder abrir esa misma noche los regalos, llegamos a casa y al abrir la puerta estaba mi viejo, con su camisa a cuadrille y su carita de alegría que nos miraba atento para grabar en su mente como en una cámara nuestra reacción, en la mesa de mimbre estaba una televisión a color de 21 pulgadas y en su mano un control remoto ¡Era un milagro! No podré describir con palabras la emoción la felicidad de nuestra familia, fue increíble. mi amigo Felipe había hablado con su papá y le contó lo difícil, que era tener una televisión para nuestra familia, él con mucho amor compró la tele que luego mi padre con el sudor de su frente cancelo peso a peso. Fue increíble ver el mundial del 98 y junto con ello al chino ríos obtener el primer lugar del mundo ¡Fue maravilloso! Jamás olvidaré a mi amigo Felipe que con un gesto de amor intercedió por mi padre, la navidad existe y jamás lo olvidaré ya que el verdadero sentido de esta es el amor al prójimo.

Carlos Valdés